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Arizona vivió intenso día de movilización latina
Viernes, 30 de Julio de 2010
Protesta general frente a la ley racista
Una marcha en Phoenix contra la ley antiinmigrantes de Arizona dejó ayer decenas de detenidos, mientras que la gobernadora de ese estado apeló contra la decisión judicial de bloquear las partes más polémicas de esa norma.
La protesta se produjo pese a que la legislación entró en vigor ayer sin las disposiciones que en la práctica declaraban la inmigración ilegal como un delito estatal en Arizona, estado fronterizo con México.
En momentos en que la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, quien promulgó la ley el 23 de abril, apelaba la decisión de Bolton, cientos de iracundos manifestantes se enfrentaban con la policía antimotines en Phoenix.
Grupos defensores de los derechos civiles instaron a las escuelas públicas, a la población, a los gobiernos de las ciudades y a la policía local a no cumplir con esta ley, con una marcha que fue desde la iglesia hasta las oficinas del sheriff del condado, Joe Arpaio.
Agitando banderas mexicanas y estadounidenses y cantando canciones, los manifestantes portaban pancartas en las que se podía leer: “Cesen las redadas, no más expulsiones” y “Dejen de cazar a los inmigrantes ya”.
Cuando llegaron al edifico del sheriff Arpaio, que suele presentarse a sí mismo como un hombre duro y despiadado cazador de inmigrantes ilegales, la policía los esperaba con sus uniformes antidisturbios.
Una docena de manifestantes se encadenó a las puertas de la cárcel del condado de Marcopia, hasta que ayudantes del sheriff salieron del edificio y los llevaron dentro, constató un corresponsal de la AFP.
Arpaio había advertido que aquellos que causaran disturbios serían arrestados, y las autoridades de Phoenix (capital de Arizona) indicaron a la AFP que se habían registrado cerca de dos docenas de detenidos.
“Todos estos manifestantes que vienen aquí de donde sea y los críticos locales no van a cambiar la manera como Arizona o su sheriff lucharán contra nuestro problema.
Pese a la Ley 1070, siguen llegando
Oscar Duarte, un salvadoreño, y Roberto Diéguez, un guatemalteco, observan desde Nogales la barda de metal que separa a México de Estados Unidos, esperando una oportunidad para esquivarla sin pensar en las nuevas disposiciones contra los migrantes en el vecino estado de Arizona.
El salvadoreño de apenas 19 años y su amigo de 29 llevan tres días en un precario albergue, ubicado a sólo metros de la frontera en Nogales, la ciudad mexicana más importante colindante con Arizona, a donde llegaron tras recorrer 5.000 km en tres semanas desde que se encontraron en Chiapas, sur de México.
“Dejé a mi hija de nueve meses y a mi esposa en San Vicente, El Salvador. Me vine para superarme más. En mi país casi no se gana dinero. A ver si desde aquí saco adelante a mi familia”, dijo a la AFP Oscar Duarte.
“Con ley o sin ley la gente va a querer seguir pasando para trabajar”, dice por su parte David Ramírez, de 25 años y originario de Puebla, en el centro de México, que fue deportado esta semana pero que espera una oportunidad de regresar a Estados Unidos. “Para los mexicanos es así, siempre estamos regresando, aunque nos deporten”, agrega.
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