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Homenaje a la libertad
Viernes, 16 de Julio de 2010

Autoridades nacionales y departamentales, paceños y no paceños iniciaron ayer los festejos del 201 aniversario de la revolución del 16 de julio de 1809, el primer movimiento libertario que proclamó la independencia de las colonias españolas y marcó el largo proceso revolucionario que se consumaría con la independencia de Bolivia, el 6 de agosto de 1825.

Editorial de Cambio

Si hace un año la celebración del Bicentenario de la revolución paceña encontró a una Bolivia encaminada en un proceso de cambios estructurales, hoy ese andar en pos de la construcción del Estado Plurinacional que erradique el racismo, la marginación y el secular sometimiento de la patria a intereses ajenos ha dado trascendentales como definitivos pasos.

La puesta en vigencia de la Constitución Política del Estado y la promulgación de cuatro de cinco leyes fundamentales del nuevo Estado (del Órgano Electoral, del Régimen Electoral, del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional, mientras la Ley Marco de Autonomías y Descentralización se encuentra en pleno tratamiento legislativo) representan los cimientos de liberación, de dignidad y de soberanía nacional.

El respaldo popular a ese proceso político de trascendentales repercusiones comienza a dejar atrás un pasado marcado por la discriminación y el racismo, por la enajenación de sus recursos y el sometimiento a intereses externos, y a construir una sociedad libre del colonialismo interno y externo, con justicia social e igualdad de oportunidades. Éste es el significado de los 201 años de la gesta emancipadora de julio, con sus luces y sus sombras, con sus contradicciones y sus aciertos, porque el legado de la proclama de la Junta Tuitiva —primer documento que llamó abiertamente a liberar las colonias del despótico imperialismo español— sigue vigente hoy como entonces.

Los postulados de los revolucionarios del 16 de julio aún permanecen como desafíos pendientes para liberar definitivamente nuestra patria y constituyen el legado que alimenta el proceso de cambio que recorre por los caminos de la patria. Si bien el 6 de agosto de 1825 nació la nueva República, ésta heredó una estructura colonial que mantuvo incólume la discriminación de sus hijos ancestrales, y una casta señorial tomó el control de Bolivia y reprodujo el sistema feudal contra el que en diferentes épocas de nuestra historia se rebelaron mujeres y hombres libres.

Es que la naciente Bolivia mantuvo el destierro en su seno de millones de habitantes originarios, mientras el despotismo y la tiranía colonial en la República vistieron de pongos a quienes el régimen colonial denominó indios para someterlos a una vil explotación.

A dos siglos del levantamiento de julio, los hijos de Túpac Katari y Bartolina Sisa y de los protomártires de la independencia levantan el estandarte de la libertad contra un sistema colonial del viejo Estado que reprodujo la injusticia y la explotación y puso a Bolivia en manos de intereses extranjeros que la saquearon y condenaron a la pobreza a millones de seres humanos, sólo por el color de su piel y las facciones de su semblante.

“La lucha de nuestros antepasados es una lucha permanente contra los distintos imperios. Esta lucha ahora nos toca (a nosotros), una lucha permanente contra los nuevos imperios, nuevos sistemas económicos vigentes que hacen mucho daño, no solamente al ser humano, sino también a la Madre Tierra”, exclamó ayer el presidente Evo Morales antes de encender nuevamente la Tea de la Libertad, en la casa que un día perteneció a Pedro Domingo Murillo.

Es que el grito de libertad de julio fue antecedido por la rebelión de los Túpac Amaru, Tomás Katari y Julián Apaza Nina (Túpac Katari), quien tomó el nombre del primero y el apellido del segundo y en 1781 cercó la ciudad de La Paz en demanda de libertad de su pueblo. Túpac Katari fue capturado y descuartizado.

Otros líderes indígenas que antecedieron la gesta de los revolucionarios de julio fueron Taki Unquy (Zongo, en 1616), Aruma, jefe guaraní en 1727; los hermanos Tomás, Dámaso y Nicolás Katari, que se alzaron en Potosí y lucharon junto a Túpac Katari por el restablecimiento de las markas y el suyu originarios (1780 y 1781); el mojeño Pedro Ignacio Muiva (1810) y el aymara Juan Manuel Cáceres en 1811.

Pero esas demandas para que se reconozcan los derechos de los pueblos ancestrales prosiguieron tras la independencia de Bolivia. El mojeño Andrés Guayacho lideró un levantamiento contra los patrones que los tenían esclavizados en sus plantaciones de goma y castaña en 1887; Apiawayki Tumpa y los guerreros ava-guaraníes se rebelaron el 6 de enero 1892 en contra de los patrones que les robaban sus tierras y de los misioneros que les quitaban su cultura. Pero el 28 de enero, en Kuruyuki, fueron masacrados por las tropas del sistema colonial y republicano.

La rebelión de Pablo Zárate Willka en 1899 se extendió a Taparí y Peñas en Oruro, al altiplano de La Paz, al norte de Potosí y a la frontera con Chile, pero traicionado por José Manuel Pando fue capturado y ejecutado en 1904.

Por eso, cuando hoy los bolivianos rendimos homenaje a Murillo y a los protomártires de la independencia y valoramos la proclama de la Junta Tuitiva, no podemos olvidar el aporte de los habitantes ancestrales de lo que hoy es Bolivia.

Es que la lucha de los pueblos señaló el camino de la libertad que 201 años después de la gesta revolucionaria de julio hoy florece en la edificación del Estado Plurinacional y constituye un homenaje a la libertad.


Fuente : Cambio

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