¿Así que la reforma de la justicia consiste en la cadena perpetua?

No es que esperáramos mucho de esa Cumbre de Justicia, que ciertamente estaba condenada al fracaso, pero no deja de apesadumbrarnos el hecho de que su única innovación real —lo demás es puro verso— sea la implantación de la pena de cadena perpetua, porque parece que dicha cumbre se hubiera celebrado en las nubes. Creen de verdad quienes allí se reunieron —tras un proceso de auto-selección— que el problema fundamental de nuestra "Justicia” es que las penas son demasiado leves y que la solución es agravarlas? ¿Conocen nuestros cumbre-runas de algún país donde la cadena perpetua, o incluso la pena de muerte, haya generado una disminución perceptible de los delitos? Si saben de algún caso, por favor que nos lo cuenten.

El problema de fondo no es la gravedad o levedad de las penas establecidas, el problema de fondo es el sistema de justicia como tal (antes y después de la sentencia); pero, en lugar de reformar éste, se limitan a agravar la pena, concretamente para los casos de violación de menores.

Y no es que me den pena los violadores —que se merecen lo peor, y no sólo los violadores de niños, absolutamente todos los violadores merecen el peor de los castigos—, lo que me da pena es la simpleza mental de quienes se sienten llamados/as a reformar la Justicia y no se dan cuenta de que el problema no es la insuficiencia de la pena de 30 años de cárcel, sino el hecho comprobable de que la gran mayoría de los violadores viven impunes o, simplemente, no son sometidos a juicio o si lo son, encuentran los vericuetos legales para escapar de la justicia, el más grave de los cuales es el sendero de angustia y humillaciones que tienen que sufrir las víctimas de violación para que se les haga justicia. Es ahí donde había que poner el acento, pero claro, poner ahí el acento —y además para todos los violadores— equivaldría a poner en su lugar a muchos funcionarios públicos que se escudan en sus cargos para cometer violaciones, o por lo menos acoso sexual (¿o es que éste no es delito?).

Y, como decíamos, la Cumbre no generó ningún otro cambio efectivo.

Es lo malo de cumbre auto-convocada, dirigida y controlada. Realmente pareciera que de lo que se trata es de abrir la Constitución a nuevas reformas. ¿Para gastar otro montón de millones en un nuevo referendo o, más todavía, en una nueva asamblea constituyente, cuando resulta que no tenemos plata para aliviar los problemas de la población con discapacidades, ni para mejorar el sistema de salud?

Y mientras tanto se ha dejado, sin discutir siquiera, el tema crucial que es el de la independencia de poderes, concretamente el del desacreditado y vapuleado Poder Judicial (u Órgano Judicial, como si el nombre cambiara las cosas). Que sepamos nadie ha planteado en esa cumbre establecer los mecanismos necesarios para que se dé esa independencia —mientras asistimos cotidianamente a la manipulación de la Justicia por parte del Órgano Ejecutivo—. Nadie ha planteado la urgencia de facilitar que los procesos se aceleren. Nadie se ha preocupado de garantizar que las víctimas no sean re-victimizadas si quieren que se les haga justicia…

O sea que seguiremos igual, con o sin cadena perpetua (que no va a cambiar nada). Como seguiremos igual en la desatención de salud y en el nivel miserable de nuestro sistema educativo, y en la impunidad de la corrupción, y en la mentalidad cada vez más desarrollista (de nuestro gobierno y de nuestra población). ¡Qué porvenir halagüeño!

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
Nos prestamos esta nota editorial tomada de Página Siete

Temas:
  • Derechos Humanos
  • Justicia
  • Seguridad