La magnitud de la solidaridad puesta de manifiesto ante la desgracia que ha lacerado tan profundamente al pueblo haitiano, tras el impacto provocado por el sismo del pasado 12 de enero, revive la esperanza en la humanidad, en su sensibilidad y su condición solidaria que se ha levantado muy por encima de consideraciones de rentabilidad y de mercados, y otros antivalores que a menudo se pretenden erigir como santos esenciales de los altares y como la única motivación del ser humano, y de todas sus acciones y sentimientos.